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martes, 18 de junio de 2019

Volver al trabajo tras un cáncer: El 70% de las personas con cáncer cree que sus empresas no tienen "comprensión" con su situación

De acuerdo con los resultados de una encuesta, el 96% de las personas con cáncer y sus familias afirman haber encontrado dificultades para pedir una baja laboral por su enfermedad o para cuidar a un familiar que se encuentra atravesando un proceso oncológico.


El 70% de los pacientes con cáncer considera que "no hay comprensión" por parte de las empresas frente a la situación de su enfermedad, según se recoge en una encuesta a diferentes hospitales, sociedades científicas, pacientes, asociaciones de pacientes y población en general realizada por el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC).

El objetivo principal de esta investigación se ha centrado en conocer la percepción de la población con respecto a distintos aspectos que conciernen al cáncer, así como sus opiniones frente a distintas áreas y aspectos de esta enfermedad. La muestra analizada está compuesta por 3.001 personas, separadas en diferentes grupos de población: pacientes que tienen o tuvieron cáncer, cuidadores, familiares y amigos de pacientes, profesionales sanitarios y personas sin ninguna experiencia con el cáncer.

De acuerdo con sus respuestas, el 96% de las personas con cáncer y sus familias afirman haber encontrado dificultades para pedir una baja laboral por su enfermedad o para cuidar a un familiar que se encuentra atravesando un proceso oncológico. "Los familiares lo tienen difícil no, lo siguiente, para pedir una baja laboral. Más que los pacientes", ha lamentado la presidenta de GEPAC, Begoña Barragán, en la presentación del informe, que se ha celebrado en la sede del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGOCF).

Además, la mayor parte de las personas encuestadas considera que un paciente o superviviente de cáncer tiene "dificultades", tanto sociales como psicológicas, a la hora de reincorporarse al mundo laboral. Asimismo, afirman que han encontrado "limitaciones" para realizar el mismo trabajo que hacían antes de ser diagnosticados. "Es muy difícil demostrar ese parón en el currículum vitae por el cáncer. Hay que hacer algo para que no haya repercusiones en las empresas. Somos perfectamente válidos y podemos trabajar como cualquier otra persona tras superar la enfermedad", ha reivindicado Barragán.

En cuanto a acceso a tratamientos, el 54% de los pacientes y familiares encuestados considera que existe inequidad en función del "código postal" para tener disponibles estos medicamentos. Algunos profesionales sanitarios también reconocen este tipo de problemas en la encuesta, algo que refuerza la opinión de GEPAC, según su presidenta.

El 87% de las personas con cáncer aceptaría formar parte de un ensayo clínico

La encuesta desvela que pacientes, familiares, profesionales sanitarios y quienes no tienen contacto con la enfermedad conocen qué es un ensayo clínico pero, aunque creen en su utilidad, algunos de ellos no estarían dispuestos a participar en uno.

El 87% de las personas con cáncer aceptaría formar parte de un ensayo clínico, un argumento que, para GEPAC, "lleva a pensar en la necesidad de inversión en investigación en cáncer". "Hay que hacer mayor hincapié en la importancia de los ensayos. Es una forma de ayudar tanto a la investigación como a nosotros mismos", ha valorado Barragán.

El mayor porcentaje de la población coincide en que ninguna dieta puede ser sustitutiva de los tratamientos médicos oncológicos. "Somos totalmente contrarios a estas terapias y nos preocupa muchísimo que se usen en sustitución de los tratamientos convencionales", ha recordado la presidenta de la asociación de pacientes.

Barragán ha lamentado, en cambio, que existe un "gran desconocimiento" por parte de la población sobre los profesionales que conforman un equipo multidisciplinar en cáncer (médicos, enfermeros, nutricionistas, trabajadores sociales, psicooncólogos, fisioterapeutas, etc.). El 57% de los pacientes encuestados asegura que no ha sido informado por su médico sobre el soporte de otros profesionales y solo el 53% de ellos ha contado con un equipo multidisciplinar durante su proceso oncológico.

A pesar de ello, la mayor parte de grupos poblacionales encuestados considera útil recibir ayuda de otros expertos de la salud, con un acuerdo del 99%. Para todos resulta "fundamental" el apoyo psicológico, seguido de Enfermería y Nutrición desde el diagnóstico de la enfermedad.


Fuente: www.publico.es
Fotografía: cincodias.elpais.com

martes, 8 de mayo de 2018

La CEOE solicita el control para gestionar las bajas ocasionadas por contingencias comunes

La nueva ley de mutuas amenaza con dotar a los empresarios de más herramientas para el disciplinamiento de las personas trabajadoras.

El aprovechamiento de la burocratización de la gestión de la incapacidad temporal como excusa para transferir competencias a las mutuas de trabajo es una amenaza.


La relación entre empleo y salud es un constante entorno de batalla, no solo por la influencia de las condiciones laborales en la salud o por la capacidad del empleo de ser más un determinante de enfermedad que un activo para la salud, sino también porque el sistema sanitario desempeña un papel de validador del estado de las personas trabajadoras de poder desempeñar sus puestos de trabajo.

En este conflicto salud-empleo uno de los puntos calientes es el de las incapacidades temporales (también conocidas como “la baja”). Con frecuencia tenemos que leer en los medios de comunicación frases como que “Más de 880.000 trabajadores no acuden a su puesto de trabajo ningún día del año” (cambiaron el titular por uno menos lamentable cuando se les afeó el mismo) y se trata de dibujar una imagen según la cual el fraude en relación con el absentismo laboral por causa de enfermedad es una generalidad. Como comentamos en un artículo publicado en Diagonal hace unos años:

“El intento de fraude por parte de personas que intentan alargar procesos de incapacidad temporal estando en condiciones de trabajar existe, como existen las presiones por parte del jefe/empresario/cargo-superior/comoloquierasllamar para que se acuda al puesto de trabajo no estando la persona trabajadora en condiciones de salud para ello. El absentismo y el presentismo deberían ser partes complementarias del análisis, pero habitualmente con lo que nos encontramos es con análisis que vinculan la ausencia del puesto de trabajo con la pérdida de productividad y loquesea (inserte aquí la vinculación trabajo-mercado que más le satisfaga).”

En un país en el que los aumentos de mortalidad por accidente de trabajo ocupan tímidos espacios en prensa y nulos espacios de actualidad política llama la atención que podamos leer más noticias sobre supuestos fraudes relacionados con el absentismo o sobre la repercusión del absentismo laboral para la productividad nacional que sobre los efectos de las condiciones de trabajo sobre los cuerpos y las vidas de las personas trabajadoras.

En los últimos años las mutuas de trabajo (a las que podríamos denominar, sin mucho temor a errar, el brazo sanitario del empleador) han ganado terreno en el control de las bajas, especialmente en lo relacionado con las bajas por contingencias profesionales (accidentes de trabajo y enfermedades profesionales), sin embargo eso parece ser insuficiente de cara a la CEOE, que recientemente solicitaba al gobierno una mayor capacidad de control por parte de las mutuas para las bajas ocasionadas por contingencias comunes, especialmente las relacionadas con patologías traumatológicas y trastornos psiquiátricos “menores”, dado que son las que mayor peso ocupan dentro de las bajas en nuestro país.

Las mutuas, para entendernos, vendrían a ser las entidades que velan porque el trabajador se ausente de su puesto de trabajo lo menos posible; es decir, son entidades directamente relacionadas con el empleador; su mayor protagonismo en la gestión de las bajas de los trabajadores comenzó por un ejercicio de neolengua, cuando pasaron de denominarse “Mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales” a adoptar un nombre más propio de nuestros opacos tiempos “Mutuas colaboradoras con la seguridad social”.

Ahora nos encontramos a las puertas de la publicación de una Ley de Mutuas que probablemente ahonde en esta vía, la de transferir el control de las bajas desde los servicios públicos de salud a las mutuas de trabajo. Es decir, transferir el control de las bajas de un proveedor sanitario (el médico de familia) cuyo único interés era el de la recuperación del profesional en virtud de la mejoría de su salud a otro proveedor (la mutua) que tiene variados incentivos para acelerar la incorporación de los trabajadores a sus puestos de trabajo —así como para no reconocer como contingencias laborales multitud de procesos que sí lo son y para cuyo reconocimiento enredan a los trabajadores en procesos complejos de reclamaciones—.

La gestión de la incapacidad temporal es una herramienta que tienen los médicos de familia para velar por la salud del paciente; una herramienta, eso sí, que debería desburocratizarse. Lo que supone una amenaza, no ya tanto para el ámbito competencial de la medicina de familia sino sobre todo para la salud de las personas trabajadoras, es el aprovechamiento de la burocratización de la gestión de la incapacidad temporal como excusa para transferir competencias a las mutuas de trabajo.

Podemos afirmar que las mayores vulneraciones sobre la salud de la población se están jugando en terrenos que no son el sanitario, especialmente en el ámbito del empleo: el mayor ataque fue la recuperación del concepto de “asegurado” y su vinculación al desempeño laboral para la obtención del derecho a la asistencia sanitaria (una vez más, la centralidad del empleo como llave al derecho a tener derechos) y ahora con el desplazamiento del papel de la sanidad pública en la gestión de las bajas laborales y el crecimiento del protagonismo de entidades vinculadas al empresario.

Es preciso incluir una mirada de determinantes sociales de salud no solo en las políticas públicas sino también en las exigencias y propuestas que se enarbolan desde los movimientos en defensa de la salud, porque es más allá de la sanidad donde se libra no solo la salud sino también los ataques a la misma.

Una buena guía de hacia dónde dirigir nuestros horizontes en el ámbito de las condiciones laborales y la salud lo podemos encontrar en este párrafo del libro “Salubrismo o Barbarie”:

“La Organización Mundial de la Salud plantea tres ejes fundamentales en los que se debe actuar para disminuir las desigualdades sociales en salud (y las condiciones laborales son un eje de creciente importancia al hablar de estas desigualdades): (I) mejorar las condiciones de vida, (II) cambiar las relaciones de poder y (III) medir la situación actual y evaluar las políticas que se implanten para corregir la situación.

En el ámbito de la precariedad y su relación con la salud (especialmente si tenemos en cuenta lo comentado con anterioridad en relación al rol de la falta de control y decisión como determinante del empeoramiento de la salud ligado a la precariedad) podríamos reformular estos aspectos de la siguiente manera: (I) mejorar las condiciones de trabajo y los derechos de las personas trabajadoras, (II) reforzar el papel de las personas trabajadoras en las relaciones laborales, prestando especial atención a las personas con menos derechos dentro del panorama laboral y (III) evaluar las condiciones reales de trabajo impulsando un mayor peso de las inspecciones y habilitando/mejorando las vías de comunicación anónimas para que las personas trabajadoras puedan denunciar condiciones precarizadoras fuera del marco de la legislación vigente”.  



Fuente: www.elsaltodiario.com
Fotografía: www.larazon.es